viernes, 12 de agosto de 2011

El Siencio Interrumpido


Recuerdo que tenía trece años cuando mamá me dijo que no debía acercarme a la residencia de la señora Harris. Todo se debía a que un diciembre había desbaratado un Papá Noel decorativo en su puerta y había asaltado con mi pistola de balines un mono de nieves que colgaba de su ventana. La señora Harris se había exasperado tanto que mamá creyó que le iba a dar un paro cardíaco en la puerta de nuestro apartamento. La verdad era que en el edificio de la calle 92 nadie quería a la señora Harris y se había convertido en el ser abominable del vecindario.

No se sabía quién era su familia ni de dónde provenía su dinero, pero todo el mundo creía saber el porqué se había quedado soltera. Los guardianes del barrio odiaban encontrarse con ella y escuchar una y otra vez los insultos por un robo menor o un acto vandálico que había ocurrido. En nuestro inmueble no habían celadores y sólo había un citófono eléctrico que anunciaba a quien arribaba. Sin embargo, muchos bromeaban que de haber celadores todos hubieran renunciado por los cuidadosos gritos de la señora Harris. Incluso las señoras del aseo se escondían de ella y preferían ir en horas de la noche para evitarla, eso sí la señora Harris era un vampiro inverso. Se asomaba en la alborada y se ocultaba en el crepúsculo de la noche.

La señora Harris parecía no agradarle a nadie. Una vez mamá me hizo correr hasta el parqueadero cuando escuchó los tacones de la señora Harris por las escaleras. Mamá prefería salir huyendo a tener que escuchar sus recriminaciones. Papá se reía y nos alertaba de no fastidiar a su alrededor, pero mamá le reprochaba que él no pasaba el tiempo suficiente cerca de ella. Papá decía que solía toparse con la señora Harris en las mañanas cuando bajaba a encender el automóvil y era muy cordial con él. Ni mamá ni yo creíamos en esa historia, en el fondo sabíamos que papá corría cuando una amenaza de aparición de la señora Harris se avecinaba en el panorama.

Con los años las visiones de la señora Harris fueron disminuyendo y las personas de nuestro bloque se fueron mudando. Mis padres decidieron quedarse porque habían terminado de pagar las cuotas del apartamento y no deseaban endeudarse, además su edad de retiro laboral estaba cerca. En cuanto a mí, la vida me hizo crecer y salí del país. Mis estudios en psicología me llevaron a emigrar a España y mis padres quedaron envejeciendo en la unidad familiar de la calle 92. Con el tiempo hablaba mucho con mamá por teléfono, a veces le preguntaba hasta por el perro viejo que se orinaba en los arbustos de nuestra avenida, pero con el trascurrir de los días descubría que me quedaba sin palabras y hasta se me olvidaba quiénes eran las personas de mi vecindario.

Al poco tiempo, muchos de mis recuerdos de infancias se fueron extinguiendo y personas nuevas llegaron al lugar. Como si fuera un acto de madurez, el edificio se volvió un sitio que albergó a parejas adultas pensionadas con hijos en el exterior que los visitaban de vez en cuando. Papá me decía que acaba de conocer a un nuevo vecino y al poco tiempo mamá me contaba que habían salido a cenar y estaban planeando un viaje. Yo al contrario, me encontraba en un viejo apartamento pequeño cerca a la Universidad de Madrid, era un complejo de estudiantes y en ocasiones el silencio era tan ausente que tenía que usar mis audífonos para aislar el ruido y estudiar. Por esa razón fue que un día me acordé de la señora Harris, sí ella hubiera habitado este edificio tal vez existiría un poco de armonía para vivir. En ese instante me percaté de que había ignorado por completo lo que había sucedido con ella.

Al día siguiente llamé a la casa de mis padres. Mamá contestó pero estaba concentrada en una pequeña reunión que tenía con unas amigas. Me preguntó por mi trabajo, por mi tesis y por aquel viaje a Francia que le había mencionado. Me advirtió que era un total desagravio si no visitaba a mi primo en Paris, al mismo tiempo que hablaba con sus amigas y reía a carcajadas. Intenté esquivar las preguntas de mamá y noté que estaba un poco tomada, desistí preguntarle por la señora Harris y al final se me olvidó.

Los calendarios se fueron corriendo y mi vida se asentó en Alemania. Entré a trabajar en proyectos con la Colegiatura de Düsseldorf y conocí a una mujer que me enamoró y me llevó a una unión libre. Mis padres no querían visitarme y odiaban que yo no fuera a ser bendecido por el rito católico, pero la verdad es que la edad me había convertido en un católico reticente y no practicante. Además mi mujer era protestante, la verdad es que en cuestiones de religiones me pierdo, por esto fue que decidí armar un viaje para visitar a mis padres. Deseaba que vieran lo bien que estaba y conocieran a la que sería la madre de sus nietos. Les avisé con seis meses de anticipación y ellos decidieron realizarles una reformas al apartamento decían que debían arreglar un cuarto para nosotros. Para mamá era un pecado que durmiéramos juntos en la misma habitación sin haber sido bendecidos por un cura, pero al final ella no podía hacer nada.

Llevaba diez años sin volver a mi país. Al principio de estudiante viajaba mucho a visitar a mamá y papá, con el tiempo mis visitas fueron escasas y después decidí no volver para obligarlos a que me visitarán. Sus incursiones al viejo continente fueron muchas durante los primeros cinco años, después cuando emigré a tierras teutonas me dejaron de visitar y preferían irse a conocer los países del litoral Caribe. Cuando me asenté con mi mujer, ya no quisieron verme más y fueron ellos quienes parecían presionar por mi visita.

En al aeropuerto nos recibieron con una calurosa bienvenida. Mamá me plantó un beso y papá un abrazo. Les presenté a mi mujer y ahí quedó todo el resentimiento que sentían por ella. En el carro de ida al apartamento iba contemplando los cambios que habían ocurrido en la ciudad desde la última vez que visité a mis padres. El edificio de la calle 92 estaba igual, parecía estar cubierto por una capa fuerte de formaldehído que no permitía su desintegración, aunque tampoco su evolución. La avenida en que vivían mis padres estaba repleta de torres y rascacielos de oficinas. Las casas y edificios familiares se habían esfumado como mis viejas amistades, pero el viejo edificio de la calle 92 estaba erigido y bien cuidado.

La semana que pasé en la casa paterna fue un poco reconfortante. Las relaciones entre mis padres y mi pareja estaban mejor que nunca y mamá iba a prepararnos una cena muy especial durante la última noche de nuestra estadía. Un cordero al horno junto con un puré de papas y una botella de vino adornaron la comida familiar. Como siempre mamá fue impertinente y preguntó cuándo iba a ser abuela. Mi padre intentó calmarla. Al final reímos todos, un poco nerviosos, yo sabía que no quería hijos por ahora. De repente no sé por qué se me vino a la cabeza la señora Harris. Mamá no recordaba muy bien, papá decía no haberla conocido. Luego de un largo rato ambos quedaron consternados porque no conocían con certeza qué había sido de esa señora.

A la mañana siguiente tomé mis maletas y salí de nuevo para Alemania me fui pensando en la suerte de la señora Harris y dejé a mis padres con la inquietud también. El día fue una jornada completa en el aire. Hicimos escala en España y de ahí tomamos un vuelo a Düsseldorf donde tuvimos que tomar un tren hasta nuestro pueblo. Llegamos casi a la medianoche y con un cansancio inexorable. Dejé el equipaje en la sala de la casa y comencé a revisar si todo se encontraba en orden. En ese instante vi que teníamos un mensaje en el contestador automático. Presioné el botón y escuché la voz de mi madre. Decía que debía llamarla urgente, era un asunto muy preocupante. Tomé el teléfono y marqué.

Repicó una sola vez y sentí que contestaban con apuro. Mamá gritó y me dijo que había sido horrible. Le pregunté insistentemente qué había pasado, pero no lograba calmar su llanto. Al principio pensé que papá estaba enfermo o en el hospital pero al rato sentí que él la calmaba y pasaba el teléfono. Me contó que la señora Harris estaba muerta. Su apartamento llevaba quince años cerrado y al abrirlo sólo habían encontrado un cadáver esquelético postrado en el piso de la cocina. Nadie se había percatado de que la señora Harris se había muerto y como ella no se hablaba con su familia no habían podido seguirle la pista. Según la autopsia había sufrido infarto y ni siquiera había tenido tiempo para alertar a los vecinos. Se había muerto silenciosamente y nadie se había percatado.

Mis padres fueron interrogados por la policía. Al parecer eran los únicos residentes actuales del edificio que la recordaban. El banco dijo que la cuenta de la señora Harris se encontraba activa porque todos los meses le consignaban sus cheques de pensión. Además ella había arreglado con una empresa el pago de sus recibos por los servicios públicos y ésta seguía pagando por ellos. Se revisó que nunca le habían suspendido la electricidad ni el agua. El apartamento se encontraba intacto a excepción de algunas cosas que habían sido invadidas por el moho y el polvo. La señora Harris vivía dos pisos arriba de mis padres y nunca nadie había sido capaz de preguntar por qué aquel apartamento permanecía inhabitable. Ya no habían niños traviesos que por curiosidad molestaran e hicieran preguntas incómodas. Tal vez yo fui el último infante de ese edificio que molestó a la señora Harris.

Al día siguiente papá contó que había ayudado a desocupar el apartamento, entre las cosas se encontró con una caja que decía Navidad. La abrió y una nube de polvo se le metió por las fosas nasales asfixiándolo por unos segundos. Al cabo de un rato metió su mano y sacó un muñeco de esos que se cuelgan en la ventana, era un mono de nieves y estaba lleno de agujeros.

Por: Guillermo Palacio Mariño

domingo, 23 de enero de 2011

El paraíso perdido


Fue en una materia de literatura de la universidad llamada "El amor en la literatura" donde aprendí y entendí aquellos arquetipos jungeanos que mi primo, un neuropsicólogo, me explicaba cuando veíamos juntos "El Señor de los Anillos". La verdad es que en aquel momento comprendí que simplemente todos nos basamos en complejos y traumas, además que ningún ser sobre la faz de la tierra es una persona cuerda. Puede parecer puro palabrismo pero bueno esta semana al enterarme sobre el suceso que ha causado conmoción en la industria de la moda y editorial en Francia he podido comprobar esa plana teoría. Sinceramente tengo varios sentimientos encontrados de acuerdo a la publicación de Vogue Cadeaux que va de diciembre 2010 a enero del 2011. La verdad es que en ella se pueden apreciar las fotografías de una niñas bastante pequeñas que emulan las poses adultas de cualquier modelo. Al observarlo sólo puedo ver una mirada tibia de extrañeza ante lo que se encuentran representando estas niñas y el impacto que me puede generar verlas maquilladas con prendas muy femeninas y provocadoras. Esta publicación que podría posar de ser una edición erótica para pedófilos, aunque prefiero no tocar ese argumento debido a que me parece insulso y un poco morboso. Sin embargo si deseo pararme a favor de la niñez y de la importancia de pasar por este proceso en cualquier desarrollo normal humano.


El 'paraiso perdido' además de ser una obra del poeta John Milton es también uno de los arquetipos más comunes en los adultos de hoy en día. Aquellos que aquejados por los problemas cotidianos y demás responsabilidades que la madurez va exigiendo comienzan a extrañar el desapego material, la ignorancia y la felicidad de la temprana edad. Por eso la metáfora que presenta la Biblia es estupenda, en ella Adán y Eva son despojados de su paraíso y conllevados a trabajar y ser responsables pero esa no es más que la plena transición que se plasma en la vida adolescente. Aquellos aspectos que nos permitieron ser libres y tranquilos se añoran cuando debe uno valerse como persona. Igualmente sucede con los niños a los que se les fuerza a madurar y se les obliga a ocupar posturas que no van de acorde a su edad mental. Lo elemental de unos padres o tutores es transitar al niño a lo largo de su crecimiento y prepararlo para lo que se avecina, pero no lanzarlo al mundo tan rápido o su adaptación podría llevarlo a la destrucción. O qué me dicen de aquellos niños que se enfrentaron a la fama y que maduraron temprano por ser actores o músicos infantiles, ellos terminaron en adolescencias complicadas y entraron a la adultez a patadas a pesar de que se veían mucho más maduros que los niños contemporáneos a ellos. Yo recuerdo que tenía unos 7 años cuando me vi "Home Alone" con mi mamá. Al ver las escenas del pequeño Macaulay Culkin mi madre me decía: "¡Si ves a esa edad y todo lo que hace!" Más adelante ella misma vería la consecuencia de un niño tan precoz.


Hace poco conocí también a otro niño de unos catorce años. No puedo decir el nombre porque es un corredor de autos muy reconocido en Europa y Asia, pero lo que más me impactó es que es una persona formada mucho en su carácter por otras personas y además lleva montado en un carro desde que tiene 3 años. Nunca se ha detenido en su preparación y espera algún día llegar a la Fórmula 1. No obstante es un niño que no ha tenido una infancia normal y que no ha podido disfrutar de las oportunidades de desenvolverse en los ambientes en que los niños aprenden las lecciones básicas de la vida por cuenta propia. Este joven al ser entrevistado por los medios de comunicación destila un seguridad y una decencia impecable, características que son imperceptibles en muchos niños de su edad. En la pubertad y la adolescencia se debe aprender a fallar y caer, pero no se deben aprender las cosas como si fueran un guión o texto, la vida se aprende a vivir cuando se experimentan todas sus consecuencias y desagravios.


Dejando a un lado también la controversia que genera la colaboración del diseñador Tom Ford junto con su amiga Carine Roitfield quienes se hicieron célebres también a finales de los años noventa por su trabajo en la casa de modas Gucci y el impulso que le brindaron con su tendencia porno femenina. Estos aspectos son importantes y al final puede ser considerado como un trabajo netamente artístico, pero la verdad es que sólo pienso a largo plazo lo que podría suceder. No es de pronto la intención directa de ambos diseñadores, pero muchos otros podrían copiar su modelo y comenzar a utilizar estas pequeñas niñas en sus campañas. Lo que mas me preocupa es su vivencia dentro de su paraíso y la posible salida de éste, ya que cuando sean adultas van a añorarlo tanto y es imposible volver a ingresar. Una vez salido de los brazos de aquel espacio la vida comienza a tener un sentido diferente y la infancia no se vuelve a vivir por más de que los modernos psicólogos hablen de un renacer en cada etapa de la vida mediante al paso del tiempo. Sinceramente, todo debe tener su momento y las cosas deben suceder a su debido tiempo por más Chic que parezca.

sábado, 25 de diciembre de 2010

El temporal


 Las piezas encajaban como fichas de un rompecabezas, Bernardo tenía la certeza de que más allá de las conspiraciones y demás tramas armadas dentro de su cabeza, el suceso en que se había visto involucrada su esposa era otra de las tantas señales que había obviado en su vida. Tal vez había sido la copa de vino derramada durante la ceremonia en el blanco vestido de la novia o la extremada aceleración de un tic nervioso en su ojo. Desde el principio supo que la mujer que había tomado como compañera para toda la vida no era la indicada. Nunca la había amado, pero todos los días pretendía hacerlo. Y ahora estaba ante él, aquel pequeño ser humano que le robaba la cuchara y la golpeaba contra el plato de comida. Su reacción fue alejarse y subirse las mangas de la camisa mientras sostenía el teléfono con la mano derecha. Se dejó caer en una de las sillas del comedor y habló con el sheriff del condado. Éste le estaba comunicando que en ese mismo instante un patrullero de Forth Bend se dirigía hacia su casa con la intención de recogerlo para llevarlo al lugar de los hechos. Debía reconocer si en verdad el vehículo que se había deslizado por el puente del Oyster Creek era el de ella. Los primeros reportes hablaban de un acompañante masculino en el puesto del conductor. Una pareja de ancianos retirados estaba esperando en el lugar para testificar cómo el automóvil había rodado hacía la quebrada pegado a una gran capa de hielo negro. El límite de velocidad en ese tramo era de 65 millas por hora, pero todo parecía indicar que conducían a más de 120 al momento del impacto. Los primeros equipos de auxilio que habían arribado no alcanzaron a sacar los cadáveres, se necesitó de una llave maestra para retorcer la lata de la camioneta y sacar unas masas congeladas y deformes de aquella máquina alemana. Las bolsas de aire no se habían activado porque ninguno de los dos llevaba puesto el cinturón de seguridad y lo único identificable en el auto eran una bolsa para llevar de Jack in the box y un vino tinto californiano.

 Comprendió que su matrimonio había terminado, sin embargo para él todo había sido una farsa completa. Se levantó de la silla y agarró la cuchara que el bebé le había rapado minutos antes. Tomó la compota de zanahoria que había guardado para el final de la comida, le levantó la tapa y limpió la cuchara con un trapo antes de introducirla en el tarro. Limpió con un paño húmedo los restos de comida que le habían quedado en la boca y manos al niño, le quitó el babero y luego lo levantó. Tomó de nuevo el teléfono y llamó a la vecina, le contó brevemente sobre el acontecimiento de una calamidad familiar, pero no le dijo la verdad, le pidió el favor de hacerse con el pequeño mientras regresaba. Subió las escaleras le cambió la ropa, le armó una maleta improvisada con un par de pañales y una piyama. Cuando se encontraba cambiándolo de vestimenta, el timbre de la puerta sonó, alcanzó a ver por la persiana del cuarto que la patrulla estaba estacionada en la entrada de garaje. No se apresuró, espero a peinar al bebé y se acordó de algo que había dejado en el cajón de la mesa de noche. El timbre había sonado por lo menos tres veces y ahora el teléfono estaba repicando. Se colgó en el hombro derecho la pañalera y cargó al bebe con su brazo izquierdo. Sintió que el celular en su bolsillo estaba vibrando, pero al entrar a su cuarto decidió botarlo sobre la cama. Abrió la gaveta y encontró el paquete de Camel que había guardado por un año. Los tomó y bajó las escaleras. El oficial Mike Waite había entrado por el patio trasero y se encontraba golpeando la puerta de la cocina.

 Bernardo salió por la puerta del frente y se dirigió a la casa de al lado para dejarle al bebé a Virginia Willows, su vecina. El oficial salió corriendo hasta la patrulla cuando escuchó como se cerraba la puerta principal de la casa y justo en ese momento se percató de la conversación entre ambos vecinos además de la entrega del bebé. El oficial entró al vehículo y lo esperó. Virginia, no había hecho preguntas pero era imposible notar el desconcierto de su rostro. Terminó de darle unas instrucciones y se despidió como si nada grave estuviera sucediendo, mientras caminaba con sigilo hacia donde estaba el policía. 


 El oficial Waite fue muy acertado en no musitar palabra y le ofreció un encendedor apenas observó que sacaba un cigarrillo de su cajetilla. Durante todo el camino ambos posaron sus miradas sobre el paisaje que se venía aproximando, aunque para Bernardo era más que un recuerdo de la cotidianidad. Los lugares se aparecían como recordatorios de su vida y de la rutina diaria que llevaba a cabo durante los últimos dos años. Primero una guardería donde dejaba a su hijo para ir al trabajo, ya que ella se negaba a cuidarlo. Luego una escuela elemental con su cancha de béisbol vacía y un par de buses estacionados, en ese instante se le vinieron a la cabeza imágenes de familias reunidas para las festividades y mientras tanto ella pensando en sus escapadas amorosas.


 Había olvidado lo seco que se tornaba el aire en invierno, se preguntó en su cabeza qué iba a hacer para la cena de navidad o sí de verdad iba a haber una. Se regocijó cuando entraron por la US-59 y pasaron por la zona de la prisión de Palomar Cove. Había olvidado lo cerca que se encontraba su vecindario de aquella prisión, antes de cruzar había un aviso de prohibido recoger autoestopistas en dicha zona. Se rió porque nunca imaginó recoger a nadie que estuviera solo caminando en una autopista. El paisaje continuó hasta que la nieve se hizo cada vez más predominante. El oficial Waite recibió un llamado del Sheriff por el radioteléfono, éste le preguntaba si se encontraban cerca, la afirmación era un código entre policías, pero lo había entendido a cabalidad. Justo en ese momento también escuchó que el Sheriff recomendaba ir despacio porque un frente frío había comenzado y se estaba formando otro temporal. Mike Waite pensó que lo más saludable para su pasajero era que redujera la velocidad y le ofreciera un café. Bernardo se negó aunque le pidió más fuego para prender otro cigarrillo, el oficial le entregó el encendedor y bajó la ventana un poco para que el humo circulara y saliera del vehículo. Mientras tanto, Bernardo reproducía en su cabeza diferentes situaciones de su esposa con el otro tipo. Estaba seguro que ella se dirigía al Motel 8 que se encontraba en el límite con Missouri City a las afueras del condado. Era chistoso como se la pasaba encontrando pequeños jabones en su baño con el logo de ese lugar, sin siquiera el más leve deseo de ahorcar a su mujer. Miró hacía la espesa blancura y vio un vendaval de hielo que se aproximaba, entonces despidió una bocanada de humo y se hizo una imagen mental de los cuerpos congelados mientras observaba los copos de nieves que rozaban contra el vidrio panorámico. Enseguida se le dibujó una sonrisa en el rostro y le preguntó al oficial: ¿Y usted qué hará en la nochebuena?

Por: Guillermo Palacio

jueves, 18 de noviembre de 2010

Oh Capitán, mi capitán


Recuerdo muy bien la crisis que vivimos toda la cultura juniorista cuando en el 2006 y 2007 el equipo no clasificó a cuadrangulares. La tabla de descenso se inclinaba hacía nosotros y los refuerzos que llegaban no rendían. Pasaron técnicos, jugadores y hasta se habló de maldiciones y conjuros para explicar por qué el Junior de Barranquilla no podía conseguir el sendero victorioso. Sin embargo a comienzos del 2008 el alcalde Alejandro Char entregó al pueblo barranquillero la noticia más relevante de la institución en los últimos años, Giovanni Hernández vendría a capotear los malos resultados del equipo tiburón. Al principio muchos estaban escépticos de un jugador que en Colombia había demostrado condiciones, pero nunca había asegurado su gran calidad. Había pasado por varios equipos y llevaba varios años siendo figura en el exterior. No niego que en esa época el gran Gio no era 'santo de mi devoción', pero desde que se enfundó la camiseta rojiblanca mi concepto sobre él cambió radicalmente. Ver cómo un jugador sudaba, se ganaba cada centavo que vale y corría a través de los 90 minutos sin siquiera recriminarle a nadie. Desde el principio, el 10 se ganó a la afición y demostró que el Junior se convertía en su nueva casa luego de que en el país no fuera tan querido y más aún en su propia tierra, el Valle del Cauca. Giovanni se reafirmo como ídolo nacional en Barranquilla, la ciudad le abrió los brazos y él se lanzó como cualquier hijo pródigo de 'la Arenosa'. Con el paso del tiempo demostró ser el eje de un equipo que comenzó a jugar estructuralmente y con una exquisitez en el trato de la pelota. Con Giovanni volvieron los goles de tiro libre luego de que en la década de los 90 Valenciano acostumbró a la afición a ver una falta cerca al área como medio gol. Asimismo, Giovanni le dio un orden el medio campo y por fin el equipo tuvo un referente claro, no uno de esos que sólo rinden un sólo semestre. Ahora nos encontramos ante la posible salida del capitán de un equipo que no sólo supo salir de la zona de descenso, sino que nos llevó a dos finales. Igualmente, el semestre pasado nos otorgó la gran satisfacción de la sexta estrella y permitió que jugadores de la casa como Teófilo Gutiérrez y Carlos Bacca madurarán y se convirtieran en verdaderos artilleros. La verdad Giovanni ha cumplido su labor a cabalidad y no se necesita titubear sobre su renovación. El nuevo presidente quiere apostarle a la cantera, pero que mejor posibilidad de darle un referente a la cantera que el gran Giovanni Hernández. Él puede ser el guía de varios muchachos que empiezan y será el gran maestro para los que vendrán. Sería injusto quitarle a un jugador el privilegio de jugar una Copa Libertadores por la que tanto luchó, para que vengan nuevas hordas de jugadores a los cuales la camiseta no les importa un bledo y salgamos eliminados en primera ronda. No importan cuánto cueste Giovanni, él merece eso y mucho más. Por favor Familia Char abran los ojos y no irrespeten a este gran jugador, tal vez el jugador de la década del Junior ¡Oh capitán, mi capitán la hinchada reclama tu continuidad!

lunes, 8 de noviembre de 2010

El vivo vive en Colombia


Venía cocinando en mi mente hace rato un artículo que nos reflejara y nos hiciera caer en la cuenta de qué es ser colombiano, sin embargo luego de tantas lecturas y experiencias vividas me percaté de que la colombianidad es una complejidad triste y melancólica. Siempre ensalzamos los logros de los colombianos en el exterior, pero nunca hemos exaltado nuestros logros a la hora de construir país. Creemos que un lema como el de "Colombia es pasión", primero nos define y segundo nos abarca a gran cabalidad, pero qué es eso, sino una gran falacia.

Hace un año trabajé para una editorial durante la Feria del Libro de Bogotá, en mi labor tenía que vender los títulos que se ofrecía y debía ser responsable y cumplir con mi labor. Durante dos semanas estuve pendiente madrugando e intercalando el oficio de vendedor con el de estudiante, sin embargo varios de mis colegas en las ventas no pensaban lo mismo. Muchos de ellos también eran estudiantes o personas que realmente necesitaban el dinero para algún gasto, en mi caso yo lo hacía por la experiencia y con la intención de enrolarme un poco con uno de los procesos de edición del libro. Al final de la temporada varios de mis colegas terminaron despedidos o con multas debido a problemas asociados con retrasos o malos consejos al momento de vender, incluso por llegar borrachos al trabajo. En ese instante me pregunté en dónde estaban aquellos que se quejaban del desempleo en el país, si cuando hay trabajo lo desaprovechan. Algunos vendedores odiaban salir de Corferias vistiendo la camiseta con el logo de la editorial y por eso al primer esbozo de cierre se levantaban la franela, a mí simplemente no me molestaba. Yo era quién menos necesitaba del dinero y quien se lo ganó con más respeto.

Hoy en cambio asistí a la universidad para una clase de mi pénsum de esas que se denominan "de relleno" que se llama Historia Económica General. La semana pasada estuve en la clínica en dos ocasiones por cálculos renales y había estado ausente en las sesiones anteriores de la materia por lo cual no había podido presentar una exposición sobre uno de los capítulos de un libro que tocaba leer. Con excusa médica en mano y un cálculo no expulsado en mi ureter asistí a clase para realizar mi exposición, pero me encontré que muchas personas que se habían hecho en grupos o parejas para exponer se había ausentado o dejado a un solo miembro que descaradamente no podía realizar el trabajo completo. En esos momentos me dio rabia haberme levantado temprano, tomar analgésicos y morderme la lengua ante el dolor para captar que muchos otros se burlan y mofan de las normas simplemente por pereza o mediante la ley de mínimo esfuerzo. Por lo tanto, ¿serán esas las características que definen al colombiano?

Hace unas semanas me topé con un artículo de la edición de "Ideas para cambiar país" de la revista Semana, en ella Hernán Zajec, el productor de El Siguiente Programa y El Profesor Súper O, escribió sobre la importancia de generar una modificación por dentro de cada uno. Esa ley que todos aprendemos en la que el vivo vive del bobo, es una desgracia para la vida en comunidad. La verdad es que es una mentalidad que se jacta de la cultura del atajo y de quien saque mayor provecho es lo que más jodidos nos tiene. No se puede confiar en nadie y siempre habrá alguien que responda por los actos de uno. Como dicen: "siempre habrá alguno por ahí que pague los platos rotos". No nos interesa el bienestar común que se pueda lograr sino el personal y un malestar general que no nos toque. Que rabia produce que alguien se cuele en una cola o que cuando se maneja alguien le atraviese el carro para pasar primero. Yo, yo y yo. El egoismo y nuestra supuesta gran viveza nos está carcomiendo vivos y por eso es que no progresamos.

Tal y como dice el poeta Juan Manuel Roca: "Colombia es el país de Sísifo: todos los días subimos la piedra a la cima y la vemos rodar, no hay continuidad en las cosas, todos los días volvemos a reempezar, sobre todo en la cultura". Por eso puede que Colombia sea un país en guerra que supuestamente nos tiene a todos en un estado de congelamiento y el progreso no prospera. Pero también se le pueden achacar los problemas de ser ser un país tercermundista y un país donde la problemática social nunca dejará levantar cabeza. No obstante, la mentalidad y el sentido de pertenencia a una sociedad pueden ser móviles hacia el mejoramiento de una sociedad. Debemos saber quiénes somos, de dónde provenimos y hacía donde queremos ir todos como país, no como entes egocéntricos, avaros y vivos. Dejemos a un lado esa figura, que por vivir tanto del bobo, el vivo cada vez más vive en un sitio peor. Llegaremos a un punto en que los bobos se acabarán y ¿qué terminarán haciendo los vivos de este país?


miércoles, 20 de octubre de 2010

Un oda atómica a Bomba


Actualmente hay una banda que me mueve las fibras emocionales y hasta patriotas. La banda es colombiana y se llama Bomba Estéreo. Se encuentra conformada por una joven cantante samaria y un artista visual bumangués. La banda lo que hace prácticamente es fusionar la cultura musical de la costa Caribe colombiana y agregarle ciertos elementos de la cultura popular estadounidense. A fin de cuentas lo que la banda logra es que los jóvenes colombianos que han crecido, ya sea desde la televisión, la radio y la Internet, bajo el manto de una cultura gringa, vuelvan a sus raíces y escuchen esa música que proviene del mestizaje. Cumbia, champeta, tumbao y demás géneros musicales que provienen de esa tambora que es la madre de los ritmos caribeños.

Es increíble como muchos jóvenes no saben quién es Totó la Momposina, ni Petrona Martínez, pero si saben quien es Li Saumet. También es muy peculiar que no sepan que la canción Feelin’ copia el coro literal de Morrocoyo de Los Gaiteros de San Jacinto, asimismo aleja de la periferia a los Picós y los Sound System. Ya que han dejado de formar parte de lo que se conocía como las verbenas, las fiestas que emulaban a las de los clubes sociales de los estratos sociales altos, para consolidarse en las rumbas y los conciertos alrededor del mundo. Todo esto va de la mano de una nueva movida que ha comenzado con grupos como Sidestepper y Choquibtown.

En Bomba hay ciertos elementos que traducen a la banda en una nueva forma de lenguaje. Son un intertexto entre los códigos de una cultura específica colombiana y una cultura pop que trasciende e identifica a una generación. Las letras en ingles, las vestimentas de ropa asociada con el Hip-Hop, los covers de clásicos de la música anglosajona; como también ese ambiente que no es colombiano tradicional, ni gringo. Es la apropiación de unos elementos que gestan un nuevo movimiento musical colombiano.

Sorprende cómo todos ensayan sus bailes de champeta, cómo han dejado de mirar con cierto desprestigio y menosprecio a la música colombiana, igualmente cómo músicos palenqueros como Batata se han compenetrado con personas de otras regiones del país y cómo los picós se volvieron elementos esenciales en las rumbas de los jóvenes de estratos altos en la capital. Bomba Estéreo no está haciendo algo nuevo, sino que lo está reinventando, y no por esta razón dejan de ser creadores de una nueva onda a nivel musical.

lunes, 18 de octubre de 2010

La industria discográfica corta su tajada


Hace un año aproximadamente salió a la venta el último álbum del cantante vallenato Carlos Vives. Lo recalco porque Vives es quizá mirado de reojo por aquellos que sienten en sus corazones los pálpitos de un acordeón, aquellos que fueron bañados de niños en río Guatapurí y que viven esa música como la banda sonora de sus vidas. Hago mucho énfasis en describir a este público porque son casi en su mayoría quienes no ven en Vives en verdadero vallenatero, pero a decir verdad yo pienso que son injustos. Tal vez, él no le llegue ni a los tobillos a los juglares como Escalona (a pesar de personificarlo), Alejo Durán, Juancho Polo Valencia o Emiliano Zuleta. También no hay que olvidar a Diomedez Díaz y Juancho Rois, de pronto los más recientes. Carlos Vives fue quien en cierta medida generó una mutación del vallenato, le dio un segundo aire y permitió que trascendiera barreras a nivel territorial. Es válido que en muchos rincones del país, sobre todo en la región Caribe esto no era necesario, ya que el vallenato ha estado presente en muchas formas y diferentes 'nuevas olas' de generaciones. Pero era evidente que para que se saliera de la jaula musical este género tenía que ser escuchado por otras culturas. Por esta razón le doy el crédito a Vives, más aún porque su incansables intentos musicales por fin dieron fruto cuando comenzó a reconocer aquellos ritmos que escuchó mientras iba creciendo. Aquellas melodías que no son imperceptibles hasta para el más acérrimo roquero costeño.

Ahora, cuando sacó a la venta Clásicos de la Provincia II el regocijo fue aún mayor porque lo hacía mediante un convenio con una empresa de supermercados nacionales y además el precio era sumamente justo y barato frente a lo que cualquier otro artista habría propuesto. Enseguida me remití a lo que mi banda favorita de rock, Radiohead, realizó en el 2007 cuando montaron para descarga gratuita por Internet un demo del álbum en el cual se encontraban trabajando en ese momento el grandioso In Rainbows. Ellos permitieron que sus fans descargaran desde la Web todo el material que había editado y las canciones que sacarían en su siguiente trabajo discográfico. Igualmente, no especificaban un precio por el material e insinuaron que quienes desearían podían pagar el monto que les diera de la gana. De esta forma se gestó un gran fenómeno en donde personas llegaron a pagar hasta miles de dólares por el material y esto les dio el aval a la banda de remasterizar y sacar a la venta el álbum completo en el año 2008. In Rainbows sorprendió a todos menos a los fans de Radiohead quienes saben que ellos son una de las bandas que tiene muy claro cómo comportarse ante los últimos movimientos que azotan el entorno musical. Debido a esto, es que siempre he considerado a Carlos Vives como una persona que también ha revolucionado la música, él hace casi 2o años decidió apostarle al vallenato clásico aún cuando muchos especulaban que sería otro proyecto fracasado de Vives con la música, sin embargo lo sacó adelante con una disquera independiente y logró callar muchas bocas. Por estas acciones y muchas otras es que pienso que Vives es un revolucionario en nuestro país y me quitaría el sombrero varias veces ante él. No obstante he comenzado a odiar lo que la famosa Shakira ha intentado copiar en estos últimos días.

Supuestamente hoy sale a la venta su último disco. Ya no sé qué pensar de una artista que creció imitando los trabajos de Alanis Morisette y Shania Twain en los años noventa. Shakira fue una figura pública en desarrollo a principios de la pasada década y se consagró como uno de los símbolos latinos en el mercado anglosajón, tanto así que es muy reconocida y contratada en todas partes del globo terráqueo, pero muchos extranjeros ignoran que proviene de un país llamado Colombia. A la vieja no le resto importancia en varias obras filantrópicas, ni mucho menos digo que niegue su procedencia. Por sobre todas las cosas ellas siempre ha hecho el statement de que viene de nuestro país, pero actualmente es su música la que me fastidia. Comenzó componiendo canciones con excelente líricas y pasó a otros géneros que la verdad no le permiten crecer como artistas musical, sino más bien como bailarina. Sus conciertos se volvieron un show mediático de juegos pirotécnicos y bailes en demasía que más bien podrían ser parte del Cirque du Soleil. Su credibilidad como artista ha decaído, pero su fama va en aumento, aunque se le puede otorgar buen mérito por los boleros que escribió y cantó para la película El amor en los tiempos del cólera. Proveniente de una arremetida del mismo Vives quien decía que ella le cantaba al río Hudson pero no al Magdalena. Esto desencadenó la buena canción Hay Amores, y me atrevería a decir que fue lo único bueno a nivel de lírica que hizo en los últimos diez años. De todos modos no hay que olvidar que en algún tiempo ella fue una gran compositora, aquella que escribió canciones tan excelentes como Octavo día, Tú o Moscas en la casa, entre otras. Mientras tanto, ahora quiere descrestar con su nuevo álbum y con un sencillo tan vacío como Loca. Loca ella que pretende convencer a los verdaderos amantes de la música con sus sonido prefabricados y sus canciones envueltas como comida rápida. Ahora quiere vender sus discos a un precio inferior y hacer un convenio con los almacenes Exito, esto no se debe a la intención de lanzar un productos más asequible para sus fans sino lo que realmente quiere es ver de qué manera se monta en el mismo bus de Vives. No obstante ese bus parece que cada vez más se va llenando de pasajeros provenientes de grandes compañías discográficas.